Estados Unidos profundiza el bloqueo y redobla las amenazas
Por Giorgio Trucchi | LINyM
El pasado 6 de junio marcó el inicio de una nueva etapa de profundización del criminal e ilegal bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto desde hace más de seis décadas por las administraciones estadounidenses contra Cuba.
El nuevo paquete de sanciones (orden ejecutiva 14404) anunciado por la administración Trump prevé la inclusión en la lista de “Nacionales Especialmente Designados” (SDN, por sus siglas en inglés)[1] del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, de algunos de sus familiares, así como de familiares del líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro, ministros del gabinete de gobierno y altos mandos de las Fuerzas Armadas cubanas.
Asimismo, sanciona a empresas públicas e instituciones, entre otras, la financiera estatal FINCIMEX, el conglomerado empresarial GAESA y Gaviota, la agencia estatal Amistur Cuba S.A., consorcios de minería (Moa Nickel S.A.), el Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).
Los impactos han sido inmediatos. Para evitar las sanciones secundarias impuestas por Washington, el banco privado extranjero encargado de procesar los pagos internacionales rompió sus lazos con FINCIMEX, lo cual generó la suspensión total de las operaciones de las tarjetas internacionales Visa y Mastercard.
Por el mismo temor, grandes cadenas hoteleras como Meliá, Iberostar y Blue Diamond están acelerando su salida de la isla. Lo mismo están haciendo varias aerolíneas extranjeras, golpeando aún más el turismo, uno de los sectores clave impulsores de la generación de divisas.
Una ofensiva contra el pueblo
Las nuevas medidas se dan en medio de una aceleración sostenida de la ofensiva contra la más grande de las Antillas, iniciada con la declaración de Estados Unidos que califica a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional, continuada con un ilegal bloqueo energético y la amenaza de represalias económicas contra quienes suministren petróleo a la isla y profundizada con la nueva orden ejecutiva.
Según cálculos recientes, el cerco energético ha generado pérdidas (energéticas) por casi 500 millones de dólares, mientras que para la empresa estatal Unión Eléctrica de Cuba (UNE) las pérdidas alcanzarían los 280 millones. El bloqueo petrolero impacta también en el sistema de salud, con casi 100.000 pacientes en espera quirúrgica (11.000 son niños); 16.000 pacientes que no pueden continuar con sus sesiones de radioterapia y otros 3.000 con la hemodiálisis; 32.000 mujeres embarazadas que esperan ecografías; 30.000 niños sin poder vacunarse.
Para Federica Cresci, miembro del Grupo de Acción Internacionalista “Cuba Mambí”, el hecho de que entre los sujetos sancionados figuren también el ICAP y Amistur es un hecho gravísimo.
“No sólo se ataca a las estructuras estatales o a las figuras políticas, sino también los canales a través de los cuales se desarrollan la cooperación, los intercambios culturales, la solidaridad internacional y la amistad entre los pueblos”.
“Mientras Washington sigue hablando de democracia y derechos humanos – continúa Cresci –, refuerza un sistema de medidas coercitivas unilaterales que desde hace más de sesenta años asfixia económicamente al pueblo cubano e intenta aislar a la isla del resto del mundo”.
De esta manera, explica la activista, las sanciones no afectan a un gobierno abstracto, sino la vida cotidiana de millones de personas, el acceso a los medicamentos, a las tecnologías, a los pagos internacionales, al comercio e, incluso, a las actividades de solidaridad.
En este sentido, advierte Cresci, Washington pretende decidir no sólo lo que pueden o no pueden hacer las empresas estadounidenses, sino también las españolas, los bancos europeos, los operadores turísticos internacionales y cualquier sujeto económico que mantenga relaciones con la isla.
“Este es el verdadero rostro del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. No es una medida simbólica, ni una controversia diplomática, sino una auténtica guerra económica librada contra todo un pueblo, con el objetivo de provocar dificultades, privaciones y sufrimiento para doblegar la soberanía del país. Ante esta nueva escalada de la agresión imperialista, el silencio equivale a complicidad”, manifestó la activista italiana.
Un bloqueo criminal
Todo esto se suma a los gigantescos daños causados por el pluridecenal bloqueo que ya ascenderían a unos 171 mil millones de dólares. Considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro, esta cifra supera los 2,1 billones de dólares. Sólo en 2024, las pérdidas superaron los 7.500 millones, es decir, 625 millones por mes, casi 21 millones por día y más de 868.000 dólares por hora. Un incremento cercano al 50 % respecto al año anterior.
Catorce horas de bloqueo “ilegal y criminal” representan el coste de la insulina necesaria para tratar a todos los pacientes diabéticos de la isla; dos meses equivalen al coste del combustible necesario para cubrir las necesidades eléctricas nacionales, mientras que un mes de bloqueo implica la pérdida de los recursos económicos necesarios para el plan anual de producción de energía solar.
Guerra mediática
Pero esto va más allá, porque, paralelamente a la campaña de máxima presión, no cesan las amenazas de intervención militar, ni la campaña mediática a nivel internacional a través de una red de medios cubanos dizque “independientes”, financiados por los Estados Unidos.
En la publicación de Alan McLeod “USAID, NED y Open Society financian secretamente a medios ‘independientes’ de Cuba para alentar el cambio de régimen” (versión original en inglés aquí) se detalla cómo estos medios, que se presentan como impulsores de un periodismo de investigación imparcial, están siendo financiados silenciosamente por Washington a través de USAID, Fundación Nacional para la Democracia (NED) y Fundación Open Society (George y Alex Soros), “con el fin de sembrar el descontento en toda la nación caribeña y ablandarla para una potencial invasión ‘inminente’ por parte de la administración Trump”.
CubaNet, ADN Cuba, Diario de Cuba, El Toque, El Estornudo son parte del entramado y han gozado del desembolso de millones de dólares para desarrollar su trabajo desestabilizador. Cuando la administración Trump eligió congelar el financiamiento a USAID y la NED, el efecto sobre dichos medios fue inmediato. Eso impactó también a nivel mundial.
Según el artículo de McLeod, la decisión de Washington reveló accidentalmente “una red extensa de más de 6.200 reporteros y casi 1.000 medios en todo el mundo que estaban siendo adiestrados, apoyados y financiados silenciosamente por el frente de la CIA, todo bajo el estandarte de promover los medios independientes y la libertad de información”.
Al final, continúa la publicación, los medios respaldados por Estados Unidos no necesitaban preocuparse, y el financiamiento de la NED y USAID se reanudó después de cierta reestructuración.
En este contexto sobresale la figura del Secretario de Estado, Marco Rubio. Según la publicación de Cubadebate “La fabricación digital de Marco Rubio como ‘solución’ para Cuba”, la presencia de Rubio en las redes sociales de CiberCuba, Mario Pentón, Cubanet y El Toque, verdaderas cajas de resonancia financiadas por las agencias estadounidenses, opera como “una arquitectura de influencia y guerra cognitiva, ya que no se limita a informar sobre Cuba o sobre la política exterior estadounidense, sino que busca producir percepciones”.
El político ultraconservador, explica la publicación, se vuelca a presentar a Cuba como en crisis terminal, a Washington como centro legítimo de decisión, a las sanciones como presión necesaria, a la ayuda humanitaria como coartada moral, a la transición política como desenlace inevitable.
En este sentido, continúa Cubadebate, “no estamos ante periodismo, sino ante una maquinaria de intoxicación política, organizada para repetir encuadres, activar emociones, erosionar la legitimidad de la Revolución Cubana y fabricar consenso alrededor de la presión estadounidense”.
Amenaza militar
Mientras tanto crecen las amenazas de Trump contra la isla: “Vamos a ocuparnos de Cuba en cuanto podamos, tan pronto como acabemos con Irán, de regreso vamos a parar en la costa de Cuba”, dijo recientemente. También Marco Rubio volvió a hablar de estado fallido, de necesidad de un cambio de régimen y de modelo político y económico, acusando la isla de patrocinar el terrorismo y albergar instalaciones de inteligencia de China y Rusia.
El presidente Díaz-Canel tachó de “ceguera política” las nuevas amenazas contra Cuba. “El presidente de Estados Unidos hace nuevas declaraciones amenazadoras contra Cuba y el Departamento del Tesoro incorporó nuevas e ilegítimas sanciones. Están dirigidas a reforzar las medidas de bloqueo y el escenario de conflicto entre Cuba y Estados Unidos. Esta ceguera política se añade a las medidas coercitivas aplicadas en las últimas semanas contra nuestro país, diseñadas para dañar al pueblo cubano. La agresividad y perversión del gobierno yanqui chocarán con nuestra decisión de enfrentar los peores escenarios y resistir la arremetida imperial”, dijo.
El canciller Bruno Rodríguez le echó más leña al fuego. “Las niñas y niños cubanos son víctimas directas de la codicia, la asfixia económica y la agresión estadounidense. El cerco petrolero y el recrudecimiento extremo del bloqueo constituyen un cruel e indiscriminado castigo colectivo que provoca muertes en nuestro país, principalmente de infantes”.
Ejemplo de ello, explica Rodríguez, son la duplicación de la tasa de mortalidad infantil de 4,0 a 9,9 por cada mil nacidos vivos, y la reducción de la expectativa de vida de niños enfermos de cáncer de un 85% a 65%.
La imprescindibilidad de la solidaridad
Pese a los ataques y a las campañas criminales para generar zozobra y terror, la ayuda humanitaria, la solidaridad de gobiernos amigos y de los pueblos nunca ha dejado de fluir hacia Cuba.
“Las bombas destruyen ciudades. El asedio destruye la vida poco a poco. Y cuando esta violencia ha durado sesenta y siete años, el silencio no es neutralidad: es complicidad”, advierte Cresci. “Pero si Washington piensa que puede aislar a Cuba afectando también la amistad entre los pueblos, está cometiendo un error histórico. Porque la solidaridad internacionalista no conoce bloqueos, ni sanciones, ni fronteras. Y mientras millones de mujeres y hombres en todo el mundo sigan apoyando al pueblo cubano, ningún asedio podrá romper su dignidad, su soberanía y resistencia. La solidaridad no se sanciona. La solidaridad no se detiene. La solidaridad no se rinde”, concluyó[2].
Notas
[1] Individuos, empresas y grupos vinculados a países sancionados, terroristas o narcotraficantes internacionales. Esta base de datos es administrada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
[2] cit. Contropiano
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