Por Giorgio Trucchi | LINyM
“Cree el ladrón que todos son de su condición”. Con ese lema respondió el presidente cubano Miguel Díaz-Canel al informe de cien páginas del Departamento de estado norteamericano (léase Marco Rubio), donde la administración Trump vuelve a arremeter contra la más grande de las Antillas, adelantándose a una nueva oleada de sanciones que se sumarán al pluridecenal y criminal bloqueo económico, comercial y financiero, al más reciente bloqueo energético, así como a las falsas acusaciones de estar vinculada al terrorismo internacional.
De forma resumida, el informe “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI” acusa a La Habana de haber estado impulsando una campaña sostenida de espionaje, infiltración y subversión ideológica durante casi siete décadas. Además, señala supuestos vínculos con la izquierda radical estadounidense y mundial, de estar fortaleciendo alianzas estratégicas con China y Rusia, incluyendo la presencia de instalaciones militares y de inteligencia. Asimismo, asegura que Cuba estaría apoyando y fomentando, dentro y fuera del territorio estadounidense, diferentes formas de “terrorismo de izquierda". Por todo esto, Cuba sigue representando una grave amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.
El informe fue publicado pocos días después de una cumbre, encabezada por el mismo Rubio y que contó con la participación de ministros de unos 60 países alineados con los intereses estadounidenses, sobre la resurgencia del terrorismo político de extrema izquierda. Ya en aquella ocasión, Cuba fue presentada como “articuladora histórica de movimientos terroristas”.
No cabe duda que, además de la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, el supuesto combate contra el terrorismo se ha convertido en la nueva cruzada para la persecución política a nivel global.






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