Por Giorgio Trucchi | Rel UITA
La madrugada del 18 de marzo de 2019, manos asesinas acababan con la vida del dirigente indígena Bribri y miembro fundador del Frente Nacional de Pueblos Indígenas (Frenapi), Sergio Rojas. Siete años después, organizaciones sociales y populares costarricenses siguen exigiendo verdad y justicia.
El asesinato de Rojas se enmarca en el recrudecimiento de la violencia contra los pueblos originarios del país centroamericano y en el proceso de recuperación del territorio ancestral indígena de Salitre.
Durante años fue objeto de amenazas, persecución y criminalización, tanto así que en 2015 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le otorgó medidas cautelares, ordenando al Estado costarricense garantizar su incolumidad.
La lluvia de balas que le arrebataron la vida es también un j’accuse contra la displicencia y complicidad de las instituciones costarricenses.






















