Por Giorgio Trucchi | Pagine Esteri | LINyM
Uno de los temas centrales que encendió las campañas electorales de 2021 y 2025 en Honduras, marcando una línea de fractura casi insanable en el país, fue sin duda el controvertido proyecto de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE). Durante años, los promotores de estos enclaves han pregonado promesas de empleo, desarrollo y bienestar para miles de familias que siguen viviendo, o mejor dicho, sobreviviendo, por debajo del umbral de la pobreza. Las raíces de esta compleja historia se remontan a 2011, cuando el Congreso Nacional modificó varios artículos de la Constitución hondureña para aprobar el reglamento de las Regiones Especiales de Desarrollo (RED), conocidas popularmente como «charter cities» o «ciudades modelo».
Ideadas y promovidas por el economista estadounidense Paul Romer, las RED encarnaban el sueño ultraliberalista de que vastas porciones del territorio nacional quedaran fuera de la jurisdicción estatal y contaran con un altísimo grado de autonomía. Estos feudos privados se ofrecían por tiempo indefinido al capital multinacional con el supuesto objetivo de generar empleo. Contra este sistema, surgido en un burdo intento por mitigar la profunda crisis política, económica y social que se desató tras el golpe de Estado cívico-militar de 2009, se movilizaron de inmediato organizaciones sociales, grupos espontáneos de ciudadanos, fuerzas políticas y juristas, contando con el apoyo de amplios sectores de la sociedad.
Se recolectaron firmas en todo el territorio nacional y se presentaron más de 50 recursos de inconstitucionalidad. Paralelamente, la Asociación de Juristas por el Estado de Derecho acusó formalmente al entonces presidente Porfirio Lobo, al presidente del Congreso Juan Orlando Hernández y a nada menos que 126 diputados de traición a la patria.












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