Por Giorgio Trucchi | Pagine Esteri
La ofensiva israelo-estadounidense para redefinir el futuro de América Latina y el Caribe no es solo política y económica, sino que se basa en un despliegue militar y tecnológico muy variado. Esta estrategia combina la presencia masiva de tropas, bases operativas, cuasi-bases («lily-pad bases»), instalaciones de seguridad, infraestructuras no declaradas, venta de armas y envío de asesores e instructores, con una guerra de quinta generación (5GW) cada vez más sofisticada. Se trata de un conflicto híbrido y asimétrico, basado principalmente en la desinformación, la vigilancia y el seguimiento masivo, la manipulación cognitiva y psicológica, la alteración de la percepción de la realidad y la guerra cibernética.
Como explica el analista político internacional Marco Consolo: «Desde hace tiempo, la presencia israelí ya no se limita a la venta de armas. En los últimos años se ha ampliado al uso del Big Data para manipulaciones electorales o golpes de Estado digitales, al desarrollo y la comercialización de software espía, sistemas y operaciones de inteligencia, instrumentos de vigilancia digital masiva y plataformas de análisis algorítmico utilizadas tanto por gobiernos como por actores privados» (Israel y América Latina: las relaciones peligrosas II, agosto de 2026).
El objetivo sigue siendo garantizar los intereses del capital multinacional estadounidense e israelí, acaparando el control de los recursos estratégicos y los corredores logísticos, además de frenar la expansión china en los sectores de las tierras raras, los minerales críticos, las infraestructuras, las tecnologías y el extractivismo. Al mismo tiempo, la estrategia pretende bloquear, a toda costa y por cualquier medio, los procesos de integración e independencia latinoamericanos y la configuración de fuerzas políticas y sociales de resistencia al modelo neoliberal extractivista.
Incluso antes de su toma de posesión (enero de 2026), Asfura realizó una visita oficial a Jerusalén acompañado de la futura ministra de Asuntos Exteriores, Mireya Agüero. En esa ocasión, mantuvo reuniones clave de alto nivel político con el presidente israelí Isaac Herzog, el primer ministro Benjamin Netanyahu —sobre quien pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra— y el ministro de Asuntos Exteriores Gideon Sa’ar. Poco después de tomar posesión de su cargo, recibió formalmente las cartas credenciales de manos de Nadav Goren. El embajador de Israel se convirtió así en el primer diplomático extranjero en ser recibido oficialmente por la nueva administración.
En mayo, al término de su enésima gira por Estados Unidos, el presidente Asfura regresó a Jerusalén para dar inicio a una serie de reuniones centradas en la transferencia de competencias institucionales y en el fortalecimiento de los lazos bilaterales. Durante una reunión formal con Herzog, ambos debatieron la agenda de asistencia técnica gestionada por la agencia israelí de cooperación Mashav. El acuerdo entre Agüero y la directora de Mashav, Eynat Schlein, también dio lugar a una adenda al plan de cooperación, ampliando los programas dedicados a la innovación tecnológica, la adaptación al cambio climático y las reformas de los sistemas de riego agrícola, con cuestiones relacionadas con la seguridad.
En agosto, ambos países alcanzaron el punto álgido de su agenda geopolítica anual con la firma de un memorando de entendimiento (MOU). El acuerdo, firmado en Israel por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, y el secretario de Defensa hondureño, Enrique Rodríguez Burchard, formaliza un marco de cooperación a largo plazo para el intercambio de información militar, el entrenamiento táctico y el fortalecimiento institucional de las fuerzas del orden. Resulta difícil creer que dicho acuerdo se haya concebido teniendo en cuenta exclusivamente la dimensión interna de Honduras.
Según los medios locales, de hecho, Tel Aviv considera a Tegucigalpa un socio clave en Centroamérica, tanto por la solidez de las relaciones bilaterales como por el apoyo expresado en los organismos internacionales. Uno de los precedentes más significativos se remonta a 2017, cuando el país centroamericano fue uno de los nueve que votaron en contra de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que condenaba el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí por parte de Estados Unidos. Dicha decisión se interpretó como una clara señal de apoyo diplomático en un momento de fuerte presión internacional (cit. Aurora Israel).
Este escenario supone un cambio radical con respecto a la postura de condena rotunda expresada por la expresidenta Xiomara Castro (2022-2026) frente a las operaciones militares de Israel. Durante su mandato, Castro se posicionó abiertamente a favor de la causa palestina, calificando la situación en la Franja de Gaza de genocidio. Además, retiró al embajador hondureño y denunció el silencio de la comunidad internacional mientras ocupaba el cargo de presidenta pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Las relaciones entre Tegucigalpa y Tel Aviv se inscriben en los intentos israelíes por romper el aislamiento diplomático y político en el que se encuentra el país tras la invasión de Palestina y el Líbano, el avance en Cisjordania y las sentencias de la CPI. Recuperar el consenso a nivel mundial y proyectar en los medios de comunicación una imagen de aparente normalidad representa, para el Estado judío, una jugada estratégica fundamental.
«El cambio en la actitud hacia Israel es drástico y las consecuencias serán trágicas. Aquí no hablamos solo de asistencia y cooperación técnica en el ámbito de la seguridad, sino también, y sobre todo, de armas, entrenamiento e inteligencia. Se abre un panorama muy preocupante en lo que respecta a la importación de tecnologías avanzadas de vigilancia y de sistemas de control masivo, que hacen saltar las alarmas por el control de la población y la violación de la privacidad, especialmente para quienes están comprometidos política y socialmente con un perfil progresista, reformista o revolucionario», explica a Pagine Esteri el catedrático y economista Fernando García.
El docente universitario recuerda cómo el escritor argentino Gregorio Selser escribió el ensayo Honduras, república alquilada para describir la fuerte dependencia y subordinación del país frente a los intereses de las potencias extranjeras. «Ahora corremos el riesgo de pasar de ser una república alquilada a una vendida, porque el Gobierno de Israel, las diversas corrientes sionistas internacionales y los multimillonarios libertarios (libertarian tech bros) planean adquirir nuevas tierras y ocupar territorios para construir más Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), con un enfoque específico en la producción y el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial».
Se trata de proyectos de ciudades-estado privadas destinadas a entrar en conflicto con las poblaciones indígenas y campesinas que habitan esos territorios, las cuales correrán el riesgo de ser nuevamente reprimidas, desalojadas y obligadas a emigrar. El marco normativo establecido para proteger las inversiones agroindustriales, turísticas y de generación de energía va exactamente en esta dirección y ya ha provocado desalojos de asentamientos y comunidades. La población garífuna figura entre las principales víctimas, a pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) haya dictado nada menos que tres sentencias a favor de igual número de comunidades.
«Estados Unidos ha utilizado históricamente a Honduras como plataforma desde la que gestionar los conflictos de la región. Lo lleva haciendo desde hace mucho tiempo junto con Israel, un socio estratégico que ejecuta aquellas acciones que el Gobierno estadounidense no puede realizar legalmente debido a las restricciones impuestas por sus propias instituciones», afirma a Pagine Esteri el analista político Rodolfo «Rudo» Pastor de María y Campos.
Según el politólogo, el bipartidismo tradicional hondureño, de nuevo en el poder, no hace más que retomar los vínculos históricos que siempre ha mantenido con Estados Unidos e Israel. Lo hace sin reparos y a la luz del día, consciente del papel que Honduras desempeñará en esta nueva fase geopolítica de reafirmación del dominio y la hegemonía del eje Washington-Tel Aviv sobre la región latinoamericana.
«El vínculo con Israel siempre ha sido muy fuerte; basta con pensar que el Gobierno de Juan Orlando Hernández llegó incluso a permitir la instalación temporal de su embajada en el interior del Centro Cívico Gubernamental, complejo en el que tienen su sede los principales ministerios de Honduras», recuerda Pastor.
Es en este contexto donde cobra especial relevancia el papel estratégico del expresidente hondureño. Tal y como ponen de manifiesto los archivos de audio difundidos entre abril y mayo por Canal RED y Hondurasgate, Hernández actuaría como agente político de Trump y del lobby israelí en la región. Esto se enmarca en un auténtico plan estratégico destinado a reapropiarse de los territorios e imponer un modelo de desarrollo económico ultraneoliberal, diseñado por la administración MAGA (Make America Great Again) y el Gobierno de Netanyahu para América Latina. Un giro hacia la derecha en el continente es fundamental para los objetivos de la alianza geopolítica entre Israel y Estados Unidos.
«Aclaremos, sin embargo, que el giro hacia la derecha que estamos presenciando no está vinculado únicamente a la voluntad de las poblaciones, sino que también es el resultado de una manipulación sistemática para influir en los resultados de las elecciones. Esto es lo que se desprende de las grabaciones. Basta con ver el papel que desempeñó Fernando Cerimedo —asesor electoral y experto en comunicación digital, actualmente encarcelado en Bolivia— en importantes campañas electorales de la derecha latinoamericana, entre ellas las de Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil y Asfura aquí en nuestro país, todos ellos aliados estratégicos del bloque Washington-Tel Aviv», explica Pastor.
Para el analista político, Honduras seguirá actuando como centro de operaciones de influencia en la región para garantizar a Estados Unidos e Israel el control del territorio y de los recursos estratégicos. El expresidente Hernández y el bipartidismo, en tanto que expresiones políticas de los intereses de las oligarquías nacionales y del capital multinacional, constituirán su pieza fundamental.
No sorprende, por tanto, que el pasado 1 de septiembre un tribunal penal especializado en criminalidad organizada, medio ambiente y corrupción dictara una sentencia de absolución definitiva a favor del expresidente. De hecho, el juez determinó que no existían pruebas suficientes para juzgarlo por los delitos de corrupción y blanqueo de capitales, por los que estaba acusado en el caso Pandora II.
Hernández había regresado a Honduras el 26 de julio como «hombre libre» y se había puesto a disposición de la justicia hondureña. Cuatro años antes había sido detenido y extraditado a Estados Unidos, donde fue condenado a 45 años de prisión por tráfico de drogas y posesión ilegal de armas; posteriormente, fue indultado por el presidente estadounidense Donald Trump en vísperas de las elecciones hondureñas.
La publicación de nuevo material de audio por parte de Hondurasgate confirma la estrategia urdida por el lobby israelí-estadounidense. Entre los principales protagonistas de estas nuevas grabaciones destacan el propio Hernández, el presidente Asfura y la vicepresidenta María Antonieta Mejía, además de las controvertidas exconsejeras electorales Cossette López (Partido Nacional) y Ana Paola Hall (Partido Liberal). Según sectores de la oposición, ambas habrían sido «recompensadas» por el papel desempeñado durante las elecciones con su nombramiento como embajadoras, respectivamente ante la Organización de los Estados Americanos y en España.
Las nuevas revelaciones ponen al descubierto el control de la maquinaria mediática con la que el Gobierno y Hernández pretenden dominar la narrativa en Honduras, rehabilitando la imagen del expresidente y reforzando los vínculos con la coalición israelí-estadounidense. Las maniobras van desde la financiación de espacios televisivos completos hasta la sincronización de las portadas de los principales diarios, pasando por el control de canales clave y la contratación, a través de empresas ficticias, de casi 150 periodistas en calidad de asesores.
El nuevo escándalo implica directamente tanto a los presentadores de los programas con mayor audiencia a nivel nacional como a los propietarios de los medios de comunicación de mayor difusión, así como al propio Colegio de Periodistas de Honduras.
Al mismo tiempo, las grabaciones de audio revelan un plan destinado a establecer un marco jurídico que permita vigilar las redes sociales y eliminar el anonimato de los usuarios, todo ello mediante un software proporcionado, obviamente, por operadores israelíes.
Fuente: Pagine Esteri (italiano)
