La lucha contra el narcotráfico y la alianza con los gobiernos ultra conservadores sólo sirven para enmascarar la militarización estadounidense de América Latina
Por Giorgio Trucchi | Pagine Esteri
La proclama firmada por los trece gobernantes, entre ellos Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Nasry Asfura (Honduras) y José Raúl Mulino (Panamá), prevé un trabajo de coordinación para privar a los "cárteles criminales y a las organizaciones terroristas extranjeras de todo control territorial y acceso a financiamiento o recursos". Estados Unidos entrenará y movilizará a las fuerzas armadas de los países asociados para desmantelar a dichas organizaciones criminales. Entre los objetivos también está "mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas de fuera del hemisferio occidental".
Para esta pseudo-cruzada contra el narcoterrorismo, como a Trump le gusta llamarlo, Estados Unidos impulsa una especie de plan de cooperación militar multilateral con gobiernos ultraconservadores, abiertamente alineados con el trumpismo y los intereses geopolíticos y geoestratégicos de Washington. En todo esto, la lucha contra el narcotráfico tiene poco o nada que ver y el hecho de no invitar a países política y económicamente poderosos, como son Brasil, Colombia y México, cuyos gobiernos no siguen servilmente las órdenes norteamericanas, lo confirma.
