Por Giorgio Trucchi | LINyM
En Honduras el escenario está listo para el acto final de unas elecciones generales que se presentaban como muy complicadas y que resultaron ser como si la Ley de Murphy se hubiera manifestado de la forma más extrema.
Desilusión por una continuidad de programa político abruptamente interrumpida, reiteradas denuncias de fraude, hipócrita y autoritaria injerencia extranjera, reacomodo del poder fáctico nacional, enquistado en el monopolio mediático, el bipartidismo tradicional y, por supuesto, en el Estado.
Un poder fáctico que es aliado del peor conservadurismo estadounidense, que no ha parado un solo instante de conspirar y preparar las condiciones para el fracaso del gobierno de Xiomara Castro. Costara lo que costara.
Como era de esperarse, el bipartidismo liberal-nacional se junta ahora con miras a una meta clave: derrotar definitivamente una tercera vía de carácter progresista que, aunque con muchas limitaciones, imperfecciones y contradicciones, se atrevió a proponer e impulsar un cambio de modelo y una democratización de la economía nacional.






















